Mi nombre es Analí Cruz, tengo 37 años, dos hijos y un esposo. Desde que nació mi primer hijo, soy mamá a tiempo completo. Siempre he sido una persona responsable en la mayoría de los aspectos de la vida y con valores inculcados desde niña.

Hace ya más de un año, consciente del nivel de contaminación ambiental que sufrimos todos, decidí tomar acción y dar el ejemplo con mis actos. Es así como en casa empezamos a generar menos desperdicios, menos basura. Para eso pusimos en práctica diversos hábitos que nos permiten consumir menos plástico de un solo uso y además generar menor cantidad de desechos.

Han pasado siete meses desde que hice la primera publicación en Facebook compartiendo estos hábitos ecológicos. La hice sin restricciones de privacidad con el fin de difundir estas prácticas ambientales a diferentes personas y no solo a mis contactos, esperando vean que es posible hacerlo, que tengan nuevas ideas de cómo hacerlo y que lo repliquen. Así es como inicia mi proyecto de difusión de prácticas ambientales, pero mi proyecto de vida “ecológica” empezó mucho antes.  

Este proyecto se ha convertido en un estilo de vida, basado en los principios que adquirí en mi niñez gracias a la educación que recibí de mis padres, y por lo mismo, está inspirado en la educación que quiero darle a mis hijos. Mi mayor motivación es convertir este tipo de vida ecológicamente responsable en algo normal para mis hijos y con gusto puedo decir que es gratificante ver que lo estoy logrando. A pesar de su corta edad, mis niños saben que el plástico contamina, conocen acerca de la elaboración de compost, han visto en imágenes el daño que genera el plástico y los desechos en general en los animales (ballenas, aves, tortugas…), además han visto en vivo y en directo los beneficios que traen los árboles y las plantas (en nuestro jardín hay algunos árboles donde se alojan aves e iguanas, tenemos plantas frutales de donde ellos mismos han cosechado sus frutos, han visto entre las plantas abejas, mariposas, pajaritos). Están involucrados en cada una de las actividades de cuidado ambiental que practicamos en casa, y eso es muy importante. Además de educar a mis hijos con mi ejemplo, doy a conocer a otras personas que es posible contribuir con el cuidado ambiental desde casa y con acciones simples, además de fomentar estas prácticas ecológicas exponiendo las diferentes alternativas al plástico de un solo uso. 

Es reconfortante saber que SI estoy creando conciencia en algunas personas. Amigos míos me han comentado que gracias a mis publicaciones han adoptado muchos de estos hábitos. Modestia aparte, se siente bien calar en la vida de los demás y sobre todo con algo tan importante como generar conciencia ambiental y cuidar el medio donde vivimos.

No soy cero desechos, porque aún consumo muchos productos envasados, en las fiestas de cumpleaños recibimos las golosinas (que vienen en empaque), de vez en cuando mis hijos juegan con globos, uso champú y desodorante comercial, aún no venzo por completo el consumismo y muchas otras cosas más que generan contaminación, pero LO IMPORTANTE es que CONTRIBUYO CON MIS ACCIONES QUE SI SON AMIGABLES CON EL AMBIENTE. No es necesario ser perfecto, pero sí que actuemos.

Corazón verde es un proyecto al que le estoy poniendo mucha pasión, la parte de la exposición pública es algo nuevo para mi, pero la parte práctica de este proyecto no lo es, así que estoy entusiasmada esperando contagiar a muchas personas y conseguir cada vez más corazones verdes unidos por un mismo objetivo, el de cuidar nuestro planeta.